Nueva luz hacia la Constitución

La celebración del solsticio de invierno en los pueblos originarios y el contexto actual de Chile: las nuevas energías para recibir la inclusión de los pueblos indígenas en la redacción de la nueva Constitución.


En Chile, por el crecimiento demográfico y la reducción de la propiedad colectiva, se produjo una migración campo-ciudad, lo que concluyó en que gran parte de indígenas vivieran en ciudades, esto ha contraído que se pronuncien en diferentes zonas del país, comenzando desde el norte hasta el sur.


Según el CENSO 2017, actualmente, el 75% reside en la zona urbana y 24,7% en la zona rural, mientras que el 30% de la población indígena en la Región Metropolitana, en tanto la mayor parte de los pueblos originarios se concentran en Mapuche con un 79,8%, mientras que el 7,2% en Aymara, 4,0% Diaguita, 1,6% Quechua y un 1,4% Atacameño, siendo los pueblos con menor porcentaje: Colla, Yagán, Kaweskar y Rapa Nui.


A lo largo de la historia, los pueblos originarios han sufrido múltiples violaciones a los derechos humanos y a sus derechos colectivos, tales como la expropiación de sus tierras, la privatización del agua y la chilenización, que ha atentado fuertemente a la identidad cultural de los pueblos indígenas. La represión y violencia del Estado de Chile hacia ellos, se ha perpetuado constantemente, llegando a desencadenarse hasta el día de hoy por las demandas de los pueblos indígenas.


Hasta el día de hoy, no se reconocen las culturas indígenas, de hecho, Chile es el único país de América Latina que no reconoce a los pueblos originarios dentro de la Constitución, el problema que conlleva esto, es que no existe un Estado Plurinacional e intercultural, imposibilitando que se pueda reconocer sus autonomías, sus lenguas, sus derechos colectivos, un sistema de representación y el derecho a la conservación de la identidad cultural.


Cabe destacar, que esto no quiere decir que la plurinacionalidad signifique que un estado esté por encima de otro, sino que haya una participación activa y democrática en la toma de decisiones, y por sobretodo, equitativa, reconociendo cada uno de los derechos de los pueblos originarios, en el que se puedan establecer sus propias determinaciones y representaciones.


Para las elecciones de escaños reservados 1.239.295 personas se encontraban habilitadas para votar por los pueblos indígenas, sin embargo, sólo participaron 283.384 personas, es decir, un 22,87%. El pueblo Rapa Nui contó con la mayor participación (54,18%), mientras que los diaguitas tuvieron menor participación con un 21,4%.

A pesar de la baja participación en los sufragios, los delegados electos por cada uno de los pueblos originarios, serán quienes velen de manera directa por la inclusión respecto a sus derechos y a la visión de sus tierras ancestrales, no solo desde una mirada participativa, sino que también, incluyendo la cosmovisión indígena respecto al medio ambiente y a sus tradiciones.

UN CICLO DESDE LA ANCESTRALIDAD

Las comunidades indígenas, ancestralmente han vivido el solsticio de invierno como un evento central en sus culturas, donde los cambios se manifiestan en la naturaleza. Desde sus distintos territorios se han reunido para conmemorar un nuevo sol. La renovación de ciclos sería algo así como el Año Nuevo mundial. Sin embargo, el rito ancestral no es básicamente una fiesta de celebración, sino que una época de nuevas energías y reflexión comunitaria, por lo mismo, cada pueblo posee sus particularidades, aunque en esencia hay sincronías.


En Perú está el Inti Raymi, la ceremonia inca se replicó en suelo boliviano, chileno, colombiano y ecuatoriano. El rito no tiene fronteras y con el encuentro de distintas culturas se conmemora el poder del sol. Los conceptos ancestrales son complejos y sin relativisarlos, los paréntesis guían las ideas. Entonces el Inti Raymi (Fiesta del sol) fue un rescate ancestral del Wawa Inti Raymi, ritual instaurado por Pachacutec, pero prohibido por el Virrey español Francisco de Toledo.


El culto al sol y a la Pachamama (Madre Tierra) es fundamental en junio, la comunión para agradecer la luz de Apu Inti (Dios Sol) se da con ofrendas, danzas y música, así el retorno del Tayta Inti (Padre Sol) da paso a nuevos rayos, que con su luz cría a la tierra. Los pueblos originarios andinos poseen una diversidad de tradiciones que conviven, ya que en la antigüedad en las alturas de Cuzco se congregaron varios pueblos previando la fiesta del sol con el Quyllur Rit'i, de acuerdo al ciclo de Mama Quila (Dios Luna) terminaban el mes con el ritual de purificación. En Chile, el pueblo Quechua rescata el Inti Raymi, el acto de resistencia expresa la esperanza del florecimiento de la cultura andina (pachakuti).


En algunas zonas de Bolivia celebran el Willkakuti (retorno del sol), mientras que para el pueblo Selk´nam es Xóosink, lo que quiere decir tiempos de nieve. De tal modo, el día más corto del año en el hemisferio sur representa un momento trascendental, pero que varía según idioma, territorio y cosmovisión. Los pueblos indígenas del Amazonas, los Guaraníes o el Pueblo Wayúu, son algunas de las tantas comunidades que se relacionan con el sol, la luna y el entorno natural hace siglos. La diversidad de saberes sin compartir el territorio coincide en valores, los pueblos originarios cuidaron la naturaleza y caracterizaron la noche más larga como un momento de renovación y catarsis.


KIMELTUWÜN

Alrededor del 20 y el 24 de junio se realiza la ceremonia del Wiñol Txipantu, We Tripantu o We Txipantü, entre otras variables en mapudungún. Gabriel Kurrümañ Huenteman Pereira es trabajador social, facilitador cultural y un activista del idioma ancestral. El kimelfe (profesor) destaca que la festividad está condicionada por los territorios y sus habitantes. En la fría noche de invierno (pukem) la comunión de más de un lof, todos los integrantes de uno o sólo familias (remña) esperan la coordinación de la machi (chamán), el longko (líder de un lof) u otra autoridad para orientar el ritual.


Los más conocedores de la cultura se encargan de instruir valores a los pichikiches (niños pequeños), ya sea con experiencias o cuentos (epew) se enseña el respeto, el apoyo mutuo, la observación, el diálogo, no conocer la avaricia, evitar olvidar raíces y cuidar la naturaleza. La instancia de reflexión (nütram) entre gente sabia (kimche), las niñas (malen), los niños (weño) y todos los mapuches se da para ser una buena persona (kümeche) con el entorno natural y social. “En esta ceremonia de orden natural hablamos del pasado ciclo, pero también es un momento para pensar en remediar las fallas. Entonces es un gülamtun (consejo), así se habla de qué cosas no hacer, qué podemos mejorar, también transmitimos el conocimiento, recordamos a la gente antigua y pensamos en la naturaleza”, expresa Gabriel Kurrümañ.


“El we tripantu no es una ceremonia propia mapuche, nosotros siempre mencionamos que es una festividad que como personas nos hacemos parte. El Itro fill Mognen (toda vida sin exepción) es el conjunto de energías que nos da sustento para nuestro Kume Mogñen (buen vivir). No hay que enfocarse en el pueblo, sino en la convivencia de las personas con sus territorios. Siempre me acuerdo de una cita de Armando Marileo, él como filósofo mapuche menciona que es una manifestación de la Ñuke Mapu (Madre Tierra) y sus energías, nosotros sólo nos unimos en la conmemoración”, detalla el kimelfe.


La kimche aprendió del retorno del sol (antü) y como da paso a la noche más larga. Al día siguiente con el amanecer (liwen) el antü regresa y alumbra cada vez más con el paso del tiempo. De tal modo, la renovación de newen (fuerzas) comenzó el domingo 20 a las 23:31 en el hemisferio sur, así küyen renueva los ngen mapu (espíritus de la tierra), dando inicio a nuevos brotes (choyüm) de vida junto a días cada vez más largos.


El tiempo para los Mapuche, así como los Incas, no es lineal, sino que cíclico. Las personas del Wallmapu en su ancestralidad instauraron la tradición en base a la observación de la Ñuke Mapu y el Wenu Mapu (Mundo de Arriba). “En el Wallmapu con el avistamiento de Trubken Küyen (luna llena) ya se prepara el We Tripantu, a mí me enseñaron que la ceremonia siempre está determinada por el ciclo lunar, con la fase llena ya se preparan la comida, los invitados y actividades”, comenta el representante de la comunidad de Trapa Trapa en Alto Bio Bio.


El we tripantu tiene particularidades territoriales, no todos los lof organizan la ceremonia de la misma forma, sino que las autoridades y sabios realizan el rito en base al entorno y sus vidas. En el We Tripantu las aguas fluyen y renuevan energía según los relatos originarios, por lo mismo, hay una purificación, ya sea leufü (río), menuko (humedal-vertiente) o trayenko (cascada), la idea de todos es bañarse y así dejar atrás las malezas, aunque el agua esté fría los mapuche se sumergen para demostrar que están preparados para el nuevo ciclo y quieren revitalización.


TODA LA VIDA SIN EXCEPCIÓN

La purificación del püllü (espíritu de vida) no solo es de la che, sino que los animales (kulliñ) también se mojan. Mientras que las plantas (anümka) brotan con mawün (lluvias), los pétalos de flor (rayen) se asoman a ver a antü, en el caso de los árboles que no dieron frutos, por ejemplo, está de la costumbre de los adultos (chachay) pidiéndole a los niños azotarlos levemente con alguna hierba para que el año venidero sea mejor.


Las actividades del We Tripantu fortalecen la cultura ancestral, los vínculos con los ngen mapu y los lazos comunitarios. Las danzas (purrún) choyke tiene a los peñis con capas y aleteos simulando un pájaro, el palín entre decenas de weñi y chachay se juega sin competir y sí para relacionar grupos etarios, Los cantos (ül) de agradecimiento y alegría entonados se entrelazan con instrumentos musicales (ayekawe), tales como el kultrún, la trutruka, el trompe, el ñolkin o la pifülka que simulan y potencian sonidos del Wallmapu. De tal forma, la ceremonia es una instancia para fortalecer el newen de todos y ejercer sus espiritualidades (taiñ feyentún).


La nueva salida de antü renueva energías, pero la cosmovisión Mapuche no se queda con la observación de los cambios naturales, sino que los interpreta en base al diálogo e interacción de todos los seres vivos para formar el conocimiento (kimeltuwün). Entonces la ceremonia, constituye una expresión y un espacio para reflexionar el vínculo con la Madre Tierra, así se invoca a Ngünechen. La mayor divinidad y espíritu del bien sostiene sus creaciones: la naturaleza y la gente.


Los mapuche agradecen la cosecha y el aprendizaje del ciclo pasado, pero también se establecen compromisos de protección de los ngen, los guardianes tratan de cuidar y sanar la Ñuke Mapu. En la actualidad, implica pensar los trawün (reunión con toma de decisiones, trabajo en conjunto bajo el mando de la sabiduría) como una expresión más de resistencia, ya que el Wallmapu está dañado y se debe afrontar las acciones nocivas del Estado y el empresariado en el entorno natural para vivir un buen ciclo.


Gabriel Kurrümañ en su momento postuló a los escaños reservados. “La nueva constitución tiene que estar sujeta a representantes del sector oprimido y vulnerado, entonces creo que el pueblo mapuche más que participar, generar una inclusión o asimilación, busca poder ser. La idea es generar garantías para constituir un Estado Mapuche, bajo la figura de Estado plurinacional (...). Así pensar un plan educativo mapuche o un Ministerio de Medioambiente, así preservar la Ñuke Mapu, en pos de la naturaleza y del agua, temas que no son sólo de los mapuches, ya que la crisis hídrica acompleja a todas las personas”, reflexiona en torno a los aportes del kimetuwün.


NUEVAS ENERGÍAS PARA EL CAMBIO

El pueblo colla celebra el Huata Mosoj, los habitantes del altiplano y la cordillera se asentaron en Argentina y Chile. El último censo registró 20.744 personas que declararon formar parte del pueblo ancestral. En la actualidad, Atacama es la base, pero el desamparo de las comunidades ha reducido la cultura, el territorio y la comunidad. El Huata Mosoj resulta casi desconocido ante la ciudadanía chilena, el solsticio contempla rituales y festividades milenarias en valles cordilleranos alrededor de un encargado espiritual (yatiri).


Los aymara conmemoran el Machaq Mara. Si bien la mayoría habita Bolivia, comunidades migraron a Tarapacá, en Chile 156.754 declararon su pertenencia en el último censo. En el oasis de Pica nació Alejandra Alicia Flores Carlos, la profesora de Castellano fue electa en uno de los dos escaños reservados. “Una forma de traducir de manera simple los complejos conocimientos científicos de nuestros amawtas (sabios), ha sido decir que este es el año nuevo para nuestros pueblos, pero las celebraciones son la expresión de los grandes conocimientos astronómicos que poseían nuestros ancestros, una avanzada ciencia en base a la observación sistemática de la naturaleza y los astros, estableciendo el movimiento del sol y de la luna, las influencias de éstos, así como los cambios que se producen en esta época, recordándonos las tareas que tenemos que realizar”, comenta la constituyente eco-feminista.


“La fecha es parte de nuestro calendario agrícola, el cual nos da cuenta de la ciclicidad de la naturaleza y de toda vida, a diferencia del calendario gregoriano que nos rige oficialmente y establece una linealidad del tiempo y del devenir (…). El Machaq Mara da cuenta de diferencias culturales profundas entre los pueblos naciones originarios y la cultura dominante, el cual se ha desarrollado en un marco de dominación en las que ha habido un epistemicidio, un exterminio de nuestros conocimientos y formas de comprender el mundo, los que han estado ausentes por ya más de cinco siglos (…). Y que hoy renacen, en lo que también es otro ciclo del tiempo Aymara-Quechua; el pachakuti, un vuelco del espacio tiempo, con la que se inauguran largos ciclos que esperamos sea de renovación del cosmos y la vida de nuestros pueblos”, reflexiona Alejandra Flores.


El Parlamento recientemente aprobó el proyecto que establece feriado legal el 24 de junio de cada año, el Día Nacional de los Pueblos Indígenas viene a considerar ceremonias con más de 500 años de antigüedad, si bien las últimas cuatro décadas se ha ido reconociendo el We Tripantu, aún se desconoce mucho del rito, mientras lo que sucede con otros pueblos originarios resulta aún más recóndito.


“En Perú, hace unos días me llamó la atención que un noticiero transmitía en español, pero también había un Aymara informando en su lengua Quechua, esos son claros ejemplos de reconocimiento. Entonces se espera que este día se difunda en los medios de comunicación, se puedan dar degustación de comidas, así conocer el muday (licor de maíz fermentado) y compartir mates. También cocinar y alimentarse con pan amasado (kofke), tortillas al rescoldo, millokín (albóndiga de legumbres), sopaipillas (yiwiñ), piñones, mote y catutos (galletas blandas de trigo), entre muchas preparaciones (…). Un baño de renovación masivo en la naturaleza, uno espera que sea una festividad para todos”, piensa Gabriel Kurrümañ.


La pérdida cultural no es accidental, sino que sistemática, a modo de ilustración, en los procesos de desculturización se instauró la Noche de San Juan, cuyas raíces se sumergen en tradiciones celtas y también en la cultura española. Al abordar la actualidad, el Estado mantiene la línea, uno de los casos se da en 2019, en Angol, ocho presos -políticos- mapuche fueron privados de realizar el We Tripantu con represión de Carabineros y Gendarmería.


AGUA Y MEDIOAMBIENTE: UN COMPROMISO DE TODOS Y TODAS

La renovación de fuerzas enmarcada en la Convención Constitucional es una oportunidad para redireccionar el vínculo entre los habitantes de la larga y angosta faja de tierra, llamada Chile. La Convención Constituyente de 155 electos tiene siete representantes del kimeltuwün con Rosa Catrileo, Francisca Linconao, Natividad Llanquilleo, Adolfo Millabur, Elisa Loncon, Victorino Antilef y Alexis Caiguán. Los aymaras tienen a Isabella Mamani y Luis Jiménez. Los Changos a Fernando Tirado. Lidia González por el Pueblo Yagán, los Diaguita tienen a Eric Chinga, los Colla a Isabel Godoy, los Quechua a Wilfredo Bacian, los Atacameños a Felix Galleguillos. Mientras Rapa Nui con Tiare Aguilera y Margarita Vargas con el Pueblo Kawashkar, buscan incorporar las perspectivas soslayadas.


Los nombres del párrafo anterior forman los 17 escaños reservados para los pueblos originarios de Chile, aunque hay más representantes por distritos, quienes buscan una sociedad pluralista rescatando la cosmovisión indigena en la Convención Constitucional. Los pueblos originarios resultan esenciales para la nueva carta magna, ya que sus derechos y demandas están en desamparo. Asimismo, sus valores soslayados deben ser incorporados, ya que la protección, recuperación y sanación demuestran el respeto a la biodiversidad, valor que no se ha tenido en cuenta en el panorama ecológico nacional.


La prolongada crisis hídrica es una de las manifestaciones del dañado medioambiente, por lo mismo, Fundación Newenko trabaja afrontando la escasez hídrica y ofreciendo alternativas de gestión del vital recurso. En base a la observación, estudios, informes y constante diálogo, el equipo busca compartir los contenidos y análisis para consagrar el agua como un derecho humano. La Escuela de Constituyentes por el Agua comienza en agosto. Con nuevas energías se ofrecerán ideas y herramientas a todas y todos las/os encargadxs de redactar el cambio. La justicia ambiental es parte de la dignidad que se luchó en el estallido 2019.


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